Jean
Craighead George, notable escritora, nos cuenta sus experiencias: ...La
mejor manera de comprender e interpretar, lo que dice el perro, es salir
con él a caminar por el barrio Las conversaciones perrunas siempre se
inician con el saludo, y este varía un poco según el status, el sexo,
y la relación social entre los perros. Un día tome apuntes sobre el
saludo entre dos perros machos, que ya se conocían Los dos se acercaron
al trote. Ambos se sentían confiados y las cabezas y colas estaban en
alto, las frentes lisas y así cada uno exhibía su documento de alfa.
Cuando se encontraron frente a frente, endurecieron las patas traseras
y alzaron aun más las cabezas, y colas tratando de sobrepasarse mutuamente.
Eran casi iguales. Los ojos estaban redondeados; las orejas paradas
y un poco hacia delante. De repente se ubicaron cola a cabeza, ofreciendo
sus ancas para el olfateo de la región anal. Esa era una expresión de
confianza de los dos. Los perros inseguros, evitan que le olfateen esa
zona, por eso bajan la cola y dan vuelta en círculo. Estaba aumentando
la tensión entre los dos alfas. Me preguntaba, quién habría de ceder.
Las caras comenzaron a arrugarse. Fruncieron el entrecejo La confianza
iba disminuyendo, pero seguían siendo iguales. Simultáneamente levantaron
el labio para exponer los terribles colmillos que brillaron contra el
interior negro. Ambos tenían una expresión amenazante, y se mostraban
listos para el taque. Fruncieron la nariz expresando ansiedad. Al hacerlo,
se pararon los pelos negros del lomo haciendo que parecieran más grandes,
gruñendo Los dos perros alfa parecía que iban a matarse, y yo retrocedí
un poco Los perros describieron un círculo, aún flanco contra flanco.
Las frentes ya tenían arrugas horizontales y verticales y los pelos
negros de la cara, hacían las arrugas más visibles, porque se juntaban
en las profundidades Con la misma postura los alfas mantuvieron el equilibrio
del poder, pero estaban buscando una salda honorable de la situación,
cuando giraron los ojos en busca de una excusa para despedirse: un pájaro,
un amo, otro perro. Intercambiaron algunas señales que no pude detectar,
porque, aún estaban haciendo los círculos, estaban separándose por mutuo
acuerdo. Cuando ya estaban a unos tres metros de distancia, mirándose,
cada uno fue para su lado, al principio con lentitud, y luego cada vez
más rápido. Los dos levantaron la pata e hicieron pis al mismo tiempo.
Ninguno tuvo que rendirse. Las caras fueron perdiendo la dureza mientras
que caminaban con las patas rígidas, cada uno diciéndose que era él,
el jefe.

