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Para
los seres humano, no existen animales más conocido o más
queridos y de confianza que los perros.
Esta relación física y emocional adquiere más importancia
si cabe a medida que las ciudades urbanas pierden el contacto con el mundo
instintivo en el que todavía moran hasta los perros más
domesticados.
La terapia emocional de convivir con un perro no es un descubrimiento
de la psicología moderna, sino algo que la humanidad sabe desde
hace milenios.
El mundo antiguo, en que la muerte era omnipresente, consideraba a los
perros guías y compañeros adecuados no solo en la vida,
sino en el mundo de los espíritus, quizás porque sus sentidos
más aguzados, como el olfato y el oído, les permiten reparar
en cosas que están fuera del alcance limitado de la percepción.
sensorial humana.
Por ejemplo, los ainos japoneses consideraban que los perros poseían
la capacidad psíquica de detectar espectros.
En caso de los Incas, el aullido del perro solía anunciar la muerte
de un pariente
Los indios iroqueses solían sacrificar, perros blancos, para que
intercedieran ante los dioses
Los canes quedaron retratados en el arte funerario de la antigua Roma
porque su afecto y fidelidad perduraban más allá de la tumba
La civilización maya precolombina enterraba a los perros con sus
amos, para que los guiasen por las aguas del otro mundo
Una creencia parecida en el perro, en tanto compañero del alma,
explica la costumbre de los antiguos parsis, de acercar un perro al lecho
de muerte, para que la persona agonizante, pueda mirarlo a los ojos
En Asia Central alimentaban a los perros con cadáveres para acelerar
el recorrido de las almas hasta la vida futura; esta costumbre fue chocante
para algunos pueblos y tal vez contribuyó a que los semitas y algunos
pueblos islámicos, los consideraban impuros.
Como en la vida cotidiana, van de grandes amigos, a cazadores y guardianes
agresivos, sus equivalentes sobrenaturales también son muy variados.
En la mitología, los perros feroces estaban al servicio de diversas
deidades del mundo de los muertos, como el indio Yama, o el griego Hades
y Hécate
Los señores de la muerte con cabeza de perro y funciones más
positivas incluyen al egipcio Anubis y al azteca Xolotl, que guiaba firmemente
al sol por los infiernos, en los que cada noche se sumía
En la iconografía, los perros también están presentes
como compañeros de deidades supremas como el védico Indra
y con otros dioses guerreros y cazadores, como la diosa celta Epona
En culturas que abarcan Asia y Melasia a Siberia y América, los
perros y las especies salvajes emparentadas con los canes -por ejemplo
coyotes, chacales y dingos - a menudo fueron héroes, inteligentes,
ingeniosos y solidarios con la humanidad.
Bibliografía : "Los espíritus de los animales"
de Nicholas J. Saunders



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