Cuando
la señora Sussman, dispuso el traslado de Sussie, hermosa perra ovejera
alemana de 6 años, a la casa quinta de sus parientes, en Heaton Stock,
no pudo ocultar la pena que le producía el alejamiento de la compañera
de su hija Hilary, vivaz criatura de 10 años de edad. Lamentablemente,
su apartamento en la ciudad, carecía del espacio que Sussie necesitaba,
y en un avión, realizó Sussie el largo viaje, a su nuevo destino. Transcurrieron
trece meses. En la casa de los Sussman, la pequeña Hilary, enferma de
paperas, decía a su madre que había oído los ladridos de su amiga Sussie.
La señora Sussman trataba de conformarla explicándole la imposibilidad
de que la perra volviera, pues la había dejado a más de 400 millas.
Pero ante la insistencia de la pequeña, aceptó ir hasta la puerta, y
cual no sería su sorpresa al ver a Sussie extenuada y pugnando desesperadamente
por aferrarse al último escalón que le faltaba para llegar al primer
piso de la casa. Este hecho verídico, fue el comentario obligado de
todos los expertos, quienes aún no pueden explicarse, como pudo orientarse
el noble animal, por 400 millas de rutas desconocidas
La Haya.-
Un perro llevado a Alemania en 1944 por soldados de la Wehrmacht consiguió
Volver al domicilio de sus dueños, después de siete años de ausencia
del sur de Holanda. El animal que recordaba al parecer perfectamente
su casa, en la cual había vivido, hasta que fuera llevado por los soldados
alemanes, apareció maltrecho y hambriento. Este hecho llamó la atención,
de los científicos, que tampoco pudieron explicarse
Aunque
había cumplido ya cuatro años nuestro Duque, no daba señales de corregirse
de la costumbre de jugar con los almohadones de los sillones, hasta
hacerlos trizas. Agotada por fin mi paciencia, resolví regalar a Duque
Pero esa tarde, habiéndole prometido a mi hija Susana, esperarla a la
salida del cine, me encaminé a pie, llevándolo conmigo a Duque. Como
desde que tuvo una seria afección a los huesos, mi hija camina con dificultad,
y no puede subir a una acera, sin ayuda ajena, me dispuse a prestársela
Pero quedé atónita, al notar que Duque se me adelantaba, y sentándose
al lado de mi hija, permanecía inmóvil, y levantando la cabeza, apoyándose
en la misma, subió Susana a la acera sin necesidad de más auxilio Al
llegar a mi casa, mi hija me mostró cómo ayudada también por el perro,
subía los peldaños de la entrada. Duque no da señales de corregirse,
pero nunca más he pensado en regalarlo. Sra E.E. Chapman,Charlotte Michigan
Cierta
desapacible tarde de invierno, oyó mi mujer sonar el timbre de la puerta
de la calle Una o dos veces, muy débilmente, como si quien estuviese
llamando fuera un niño de pocos años. Se asomó a la ventana y vio a
Rex que, echado en el umbral, de cuando en cuando penosamente, trataba
de alcanzar al timbre con las patas delanteras. Al abrirle mi mujer,
apenas tuvo fuerza para echarse a sus pies, había sido gravemente por
un disparo. Pienso yo, que Rex al hallar cerrada la puerta, recordaría
lo que había visto hacer a la gente, para que le abrieran. Nunca antes,
se le había ocurrido al perro tocar el timbre Tampoco lo ha tocado ni
una sola vez, desde que sano de sus heridas. El llamar así, fue un recurso
de su desesperación. (Rdo. George Mayo.-Lewiston, Illinois INSTINTO
MATERNAL Esta historia, la escribió, el Médico Veterinario norteamericano
James Herriot, inspirándose en sus experiencias profesionales en el
Condado inglés de York. "... Parecía un poco absurdo, que un millonario
rellenara boletos de quinielas, y sin embargo, esa era una de las principales
fuerzas motivadoras en la vida del viejo Harold Denham Eso había creado
un fuerte vínculo entre nosotros porque, a pesar de su afición, Harold
no tenía ni idea de fútbol, jamás había presenciado un partido y no
hubiera podido nombrar a un solo jugador de la liga. Cuando se enteró,
que yo podía hablar con autoridad, el respeto con que siempre me había
tratado se transformó en una atónita deferencia. Como es lógico, nos
conocimos a través de sus animales Tenía una serie de perros, gatos,
conejos, periquitos australianos, y peces de colores que me convertían
en un asiduo, visitante de la soberbia mansión. Al principio cuando
le conocí, las circunstancias de las visitas eran enteramente normales:
su fox-terrier, se había cortado la planta de la pata, el viejo gato
atigrado tenía sinusitis; pero más tarde empecé a abrigar ciertas dudas.
Me llamaba con frecuencia el miércoles, y los pretextos eran baladíes
que poco a poco, empecé a sospechar que al animal no le pasaba nada,
sino que Harold tenía problemas con su quiniela múltiple... "... Sin
embargo yo siempre le vi un cierto atractivo Era amable simpático, tenía
un gran sentido del humor y me encantaba visitar su casa. Un día tuve
que examinar a la gran perra danesa, que, acababa de tener cachorros,
y no se encontraba muy bien Puesto que no era miércoles, pensé que a
lo mejor la cosa iba en serio, y acudí allí a toda prisa. Harold me
acogió con su saludo habitual. No se si pudiese, usted aconsejarme,
señor Herriot- me dijo mientras abandonábamos la cocina y avanzábamos
por un largo pasillo, escasamente iluminado - Estoy buscando un ganador
de fuera de casa, y no sé si podría ser el Sunderland en el campo de
Aston Villa Me detuve en actitud meditabunda, mientras Harold me miraba
con ansiedad, y contesté. Me asió de un brazo, me lo oprimió con fuerza
y me acompañó por el pasillo, riéndose por lo bajo. Al llegar ante la
gran danesa, me expresó _ Tuvo los cachorros ayer -, dándole a la perra
unas palmadas en la cabeza- y, esta sacando una secreción oscura muy
rara. Come bien, pero me gustaría que le echara un vistazo. Los gran
daneses, como todas las razas de gran tamaño, suelen ser animales muy
plácidos. La perra no se movió mientras le tomaba la temperatura. Permanecía
tendida de lado, escuchando con satisfacción los chillidos de los cachorros
ciegos, que se encaramaban encima de ella, para alcanzar las hinchadas
ubres. -Sí tiene un poco de fiebre y hay secreción, - palpe el alargado
hueco del costado. _ No creo que haya otro cachorro aquí adentro, pero
será mejor que lo compruebe, ¿Me quiere traer un poco de agua caliente,
jabón y una toalla, por favor? Mientras Harold cerraba la puerta a sus
espaldas, miré a mí alrededor, y de repente oí un rumor a mi espalda.
Era un leve rugido amenazador. Me volví, y vi a la perra levantándose
muy despacio, pero no como suelen hacerlo los perros, sino como si alguien
tirara de ella con unas cuerdas desde el techo, enderezando las piernas
casi imperceptiblemente, con el cuerpo rígido y todos los pelos erizados.
Me miraba sin parpadear, y por primera vez en mi vida, comprendí el
significado de la expresión "ojos llameantes". Solo en una ocasión había
visto algo parecido, y fue en la cubierta de un viejo ejemplar de "
El perro de Baskerville" Temía que quisiera arrebatarle los cachorros.
Al fin y al cabo, su amo se había marchado y solo había allí un desconocido,
inmóvil en un rincón cuya presencia no presagiaba nada bueno. De una
cosa estaba seguro, la perra se iba a abalanzar sobre mí, de un momento
a otro. . Afortunadamente estaba al lado de la puerta. Con mucho cuidado,
deslicé la mano izquierda al picaporte, mientras la perra seguía levantándose
con aterradora lentitud, rugiendo cada vez con mayor intensidad. Casi
había alcanzado el picaporte, cuando cometí el error de agarrarlo con
demasiada rapidez. En cuanto toqué el metal, la perra saltó del su catre
como un cohete y me clavó los dientes en la muñeca Le golpeé la cabeza
con el puño derecho y ella me soltó para morderme en la parte interior
del muslo izquierdo. Grité de dolor y no se, cuál hubiera sido mi inmediato
futuro, si no me hubieras golpeado contra la única silla que había en
la habitación; era vieja y desvencijada, pero me salvó Mientras la perra
cansada de morderme la pierna, saltaba súbitamente sobre mi rostro agarre
la silla, y conseguí mantenerla a raya. El resto de mi aventura en la
habitación, fue una especie de parodia de la doma de un león, y estoy
seguro de que a un observador imparcial le hubiera resultado gracioso.
Los nueve cachorros molestos ante la súbita desaparición de su cálida
fuente de calor y de alimento, se arrastraban a ciega por el catre y
chillaban a pleno pulmón El rumor espoleaba a la perra a atacarme, con
furia creciente En determinado momento me acorraló contra la pared,
con silla y todo, de pié sobre las patas traseras, era casi tan alta
como yo, y las fauces abiertas me mostraban un inquietante, primer plano
de los dientes. Mi mayor preocupación, era que la silla empezaba a dar
señales de no poder aguantar mucho, la perra ya le había arrancado dos
barrotes, sin hacer el menor esfuerzo, y yo procuraba no pensar en lo
que ocurriría si el mueble se desintegrara. . Me acerqué de nuevo hacia
la puerta, y cuando note que el picaporte estaba contra mi espalda,
comprendí que tendría que actuar con rapidez. Lancé un último grito
intimatorio, arrojé los restos de la silla contra la perra y salí corriendo
al pasillo. Mientras cerraba la puerta a mis espaldas y me apoyaba contra
ella, sentí el temblor de la madera, golpeada por el animal. Sentado
en el suelo y apoyado contra la pared, subí los pantalones para examinarme
las heridas; y entonces vi a Harold, al fondo del pasillo, caminando
sin prisa con una palangana de humeante agua caliente en las manos y
una toalla echadas sobre el hombro. Comprendí porque había tardado tanto:
se debía haber pasado el rato vagando sin rumbo por su propia casa o
tal vez pensando en los cuatro equipos que jugaban en esa oportunidad.
Al volver a Skelade House, tuve que soportar ciertos comentarios irónicos
a propósito de mis andares vacilantes, pero la sonrisa desapareció de
Siegfried cuando este me examinó más tarde, la herida de mi pierna.
Menudo tajo - exclamó soltando un silbido -. A veces hemos comentado
en broma lo que podría hacernos un perro enfurecido. Bueno, pues te
aseguro James, que eso a estado a punto de ocurrirte a ti. Poco después
me fui de excursión a Escocia, sentí que el áspero revés de mis pantalones
rozaban contra el semicírculo de la marca de los dientes en el muslo
Fue un constante recordatorio de los peligros que entraña a veces la
práctica, con los pequeños animales y una pequeña lección en la que
aprendí, que incluso las perras dóciles pueden volverse agresivas cuando
defienden a sus cachorros Como es lógico también se da el caso contrario.
Muchas veces cuando me acerco a una perra rodeada de sus cachorros,
observo que rebosa de orgullo y, cuando tomo en mis manos alguna de
sus pequeñas criaturas, la veo menear la cola llena de felicidad. Nunca
se sabe. Es una de las muchas incertidumbres de nuestra labor. (Bibliografía:
Libro titulado "Historia de perros", autor James Herriot. Editorial
Grijalbo Impreso el 25/ 7/ 1987.)
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