EL PICHON DE GANSO LLAMADO MARTINA.

Por Hector Tocagni

Hemos hablado, muchas veces en nuestro Sitio Web, sobre la impronta (imprinting) y hemos dicho que originariamente, se dio este nombre al proceso por el cual un animal joven desarrolla un apego y una preferencia permanente, por un objeto, que por lo común es su progenitor.
El Doctor Korand Lorenz, famoso etólogo, estudió la impronta y fue uno de sus exitosos descubrimientos, utilizando en sus investigaciones, gansos recién nacidos.
Recordamos que el perro, experimenta al nacer, como todos los mamíferos, el proceso de la impronta.
Para recordar la experiencia con gansos, que fueron, los puntos de partida para estos experimentos, es que transcribo, un extraordinario trabajo científico.

"...Hoy era el gran día. Durante 29 días había esta empollando mis 20 valiosos huevos de ganso. Bueno, en realidad yo mismo sólo empollé por espacio de los últimos dos días, el resto del tiempo me fié de una gorda gansa blanca y de una clueca blanca igualmente gorda, que lo hicieron mucho más apropiado que yo.
Cosas importantes deben ocurrir adentro de un huevo de ganso como este. Si se apoya la oreja, se escucha un crujido y una crepitación, y ahora, si ahora escuchas un claro y ligero "clip". Recién una hora más tarde el huevo tiene un agujero y dentro del agujero, se ve lo primero que se ve de un pájaro nuevo: la punta de la nariz con el diente de huevo arriba. El movimiento de la cabeza, con el cual el diente presiona desde adentro, no sólo produce la rotura de la cáscara del huevo, sino que también tiene como consecuencia el movimiento del pajarito, que se encuentra todo enrollado, y de esa manera gira despacio y hacia atrás a lo largo de su propio eje. El diente se mueve en un "círculo paralelo" por dentro y a lo largo de la "cáscara" y rompe una línea de orificios conexos hasta que finalmente, el círculo se cierra y la cáscara de huevo puede ser levantada mediante un estiramiento de cuello.

El mojado "algo", que sale de la cáscara es espantosamente feo y digno de lástima, y por sobre todo parece más mojado de lo que en realidad está. Porque si uno lo toca, se da cuenta que en realidad sólo está húmedo.
La impresión de mojado y pegajoso que produce el pobre vestidito de plumas, se debe a que cada pluma todavía está estrechamente pegada y dentro de una cubierta de tegumento. En esta forma, no es más gruesa que un cabello.
Pero todas estas plumas finas como un pelo están pegadas formando mechones a raíz del líquido rico en albúmina que se encuentra dentro del huevo, de manera tal, que ocupan un espacio mínimo.
Cuando este tegumento se seca, se cae en forma de polvo liberando las plumas. Esto quiere decir, que no son las plumas las que se secan, éstas se encuentran secas de entrada, porque están encerradas por el tegumento, que las protege del líquido que hay dentro del huevo. La rotura de esta cubierta de tegumento, es fomentada y acelerada por los movimientos del joven pájaro recién salido del huevo, que se raspa contra los hermanos y la panza de la madre. Cuando falta ese raspado, como me ocurrió con el primer ganso gris nacido en incubadora, la cubierta permanece intacta por más tiempo

Bueno mi primer ganso gris había llegado al mundo y yo esperé hasta que estuvo en condiciones de salir de abajo, de la almohadilla eléctrica, que tenía que remplazar el vientre de su madre, para que pudiera llevar erguida su cabeza y estuviese en condiciones de dar algunos pasitos.

Con la cabeza torcida, miró hacia mí con el ojo oscuro. con toda exactitud. Con un ojo, porque al igual que la mayoría de los pájaros, también el ganso gris cuando quiere ver algo, fija la imagen con un solo ojo. Por un espacio de tiempo largo muy largo, el pichón de ganso me estuvo mirando. Y cuando hice un movimiento y vocalicé una palabra, se liberó la tensa situación y el minúsculo ganso saludó: con el cuello muy estirado para adelante, y la nuca gacha emitiendo, muy rápidamente y en forma multisilábica, el sonido propio de los gansos grises, que en el pichón suena como un fino y nervioso cuchicheo. Saludó igual, pero exactamente igual, como un ganso gris adulto y como habría de hacerlo en su vida, miles de veces más. Pero también saludó, como si lo hubiera hecho miles de veces antes
En ese momento, yo todavía no era consciente de las pesadas obligaciones que me había echado encima, al haber sostenido la mirada de ese ojito negro y al haber liberado la primera ceremonia del saludo a través de la articulación de una palabra cualquiera.

Hice de cuenta, que había adoptado el gansito, no él a mí. En festiva ceremonia de bautismo, el pichón de ganso recibió el nombre de "Matina".
El resto, del día se me pasó como se le tiene que pasar a una mamá gansa. Fuimos a la pradera a pastorear, y logré convencer a mi hija, que un huevo picado con ortiga es una buena comida. Y la criatura a su vez también me convenció de que iba a ser absolutamente imposible, por lo menos por ahora, que la dejara sola aunque fuera por espacio de un minuto. Porque al menor intento, entraba inmediatamente en un estado de pánico y lloraba de un modo tan desgarrador, que después de algunos intentos me convencí, y construí una canastita colgante mediante la cual podía llevarla a todas partes.
Cuando el pichoncito dormía, por lo menos tenía la posibilidad de moverme libremente.
Esa noche por primera vez, coloqué su cuna con calefacción en una esquina de la habitación y la deposité en ella. , luego, yo me metí en mi cama.
Justo cuando estaba por dormirme, escuché como Martina decía "Wirr". Ni me moví. Entonces se escuchó más fuerte y con aire de interrogante: Wiwiwiwi". Selma Lagerlof, cuyo hermoso libro influyó tanto en mi niñez, encuentra exactamente el significado de este tono, cuando lo traduce como: "¿Aquí estoy yo, dónde estas vos?".
Yo seguía sin contestar, me acurruqué más profundamente en la almohada y abrigaba la esperanza que la criatura se volviera a dormir: pero no.
Otra vez Wiwiwiwi, pero ahora acompañado con amenazantes silbidos que expresaban "abandono", ¿aquí estoy yo, donde estas tu? Con la comisura de la boca hacia abajo y haciendo pucheros. Al minuto siguiente se empezó a escuchar un penetrante "Pfuf, Pfuf..." Tuve que salir de la cama y dirigirme a la caja que contenía la cuna. Martina me recibió encantada y me saludaba: !Wiwiwiwi!.
Parecía que no iba a terminar nunca, tan aliviada estaba de no encontrarse sola en medio de la noche La acomodé con una almohadilla eléctrica y se quedó dormida.
Todo este accionar se repitió varias veces durante la noche, hasta que la coloque junto a la cabecera de la cama
De esta forma al Wiwiwi de Martina, yo le contestaba Gangangang, de esta forma se tranquilizaba
Aprendí a decir gangang, sin despertarme.
Creo que todavía contestaría así hoy, si estuviera profundamente dormida, y alguien me dijera despacito: Wiwiwi.



 


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